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Lunes, 28/11/05

El Jardinero Fiel

por Joaquin Blanes en Críticas

El Jardinero Fiel

La virtud de la templanza

Templanza sería la palabra apropiada para definir esta película de Fernando Meirelles, después de aquel virtuosismo cinematográfico que fue Ciudad de Dios y que muchos críticos instalados todavía en el gusto por el cine mudo acribillaron tildándola de videoclip de la MTV. Aunque eso es agua pasada, esta película demuestra que Meirelles tiene su sello personal, es innegable que su intención es experimental, pero esa intención nunca la ha escondido; sin embargo, ahora, con El jardinero fiel demuestra que puede detener ese ritmo endiablado y hacer una película sosegada, introvertida, pero al mismo tiempo inquietante y dolorosa.
Es verdad que en ocasiones regresa al pulso sincopado de Ciudad de Dios, pero es en contadas ocasiones y únicamente para secuencias de transición, como la del viaje en tren que realiza “el jardinero fiel� a Alemania, lejos de esos momentos la película está llena de delicadas metáforas visuales que ayudan a comprender la contención en el gesto de Justin (Ralph Fiennes); la idea de una imagen vale más que mil palabras está presente en muchos momentos, uno en especial, que a mí me pareció conmovedor, es cuando su amigo Sandy le da la mala noticia a Justin y éste corta un trozo de planta. Esa imagen es suficiente, aunque a alguien le pueda parecer cursi, para darnos el pulso interior del jardinero.
La composición de los planos son muy cerrados, lo que otorga una opresión y un ritmo claustrofóbico al relato. Un relato dentro de los parámetros del thriller convencional, con un claro McGuffin, como diría Hitchcock, que ayuda a que la trama avance hacia su descubrimiento. Sin embargo, la necesidad dramática del diplomático-jardinero, no está en descubrir quién está detrás de esa confabulación farmacéutica sino en terminar lo que su mujer dejó a medias, de ahí la fidelidad de este jardinero tan diplomático como inofensivo, diplomático de obra y oficio.
Una película que viene a demostrar que Meirelles, si lo desea, puede hacer cine tradicional, sin dejar de imprimir detalles de su inquietud experimental. Esta película deja al director brasileño en un punto de inflexión, o bien termina por inclinarse hacia el lado más industrial del cine y se convierte en un trabajador de las superproducciones, como le ha ocurrido a tantos otros, como por ejemplo a Alfonso Cuarón o Walter Salles; o bien aprovecha el tirón de la industria para seguir incomodando con temas hirientes para una sociedad tan conformista como la nuestra.
Destaca la iluminación desbordada de blanco en los momentos en que Justin y Amanda se encuentran tiene una clara intención, como que la película vaya oscureciéndose al tiempo que avanza la trama, aunque la copia que nos proyectaron era muy mala, estaba oscura y estaba llena de marcas que hacen los proyeccionistas, no impidió disfrutar de un film con templanza que, al mismo tiempo, describe una situación nada complaciente, como es la manipulación que las grandes compañías farmacéuticas hacen en los países con la población civil más pobre, porque lo que son sus dirigentes no son, en absoluto, pobres.
Por otro lado, llama la atención que la banda sonora sea de Alberto Iglesias y que me haya pasado desapercibida durante la proyección, cuando en todas las demás ocasiones su música ha llenado muchos huecos vacíos de las narraciones de otros directores. No sé si este paso inadvertido de la música es bueno o es malo; lo que sí que es excelente es que en el extranjero se fijen en un hombre como Alberto Iglesias.
Resulta oportuna esta película ahora que estamos con esa psicosis por una pandemia de la gripe aviar y que los laboratorios estadounidenses Roche están haciendo negocio con ello. Nos asaltan las dudas, las muchas dudas sobre el origen incierto de esa pandemia y la casualidad, también improbable, de que Roche sea la única empresa que tenga, en exclusiva, la solución al problema. Tampoco es plan de volverse un paranoico, ni creer que existe una conspiración internacional, aunque existiera, en cualquier caso sí es importante concienciarse de que ante la duda y con la posibilidad de hacerlo, compremos siempre medicamentos genéricos.

Ficha Técnica

The Constant Gardener
Nacionalidad: Gran Bretaña, Alemania, 2005.
Dirección: Fernando Meirelles
Guión: Jeffrey Caine, sobre la novela de John Le Carré
Música: Alberto Iglesias
Ficha Artística:
Ralph Fiennes,
Rachel Weisz
Danny Huston
Hill Night

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Un comentario a “El Jardinero Fiel”

  1. Manuel dijo:

    No estoy de acuerdo en que “templanza” sea la palabra apropiada para definir esta película. Sí a su personaje principal, pero no a la obra. En numerosos momentos se desea transmitir una sensación de inseguridad, de nerviosismo, de desasosiego, asociada a la compleja trama y la caótica sociedad que se muestra. También de rebeldía, por la protagonista y sus amigos. Se consigue mediante el recurso de cámara en mano, y mostrando muy poco tiempo los planos. Mediante filtros, maquillajes y vestuario que dan sensación de realismo, un realismo duro. También mediante la música de Alberto Iglesias, abundante en disonancias. Bien es cierto que todo esto a menudo se “sosiega”, especialmente cuando se retrata al protagonista. También es cierto que la sensación de “nerviosismo rítmico” es bastante menor, en su totalidad, que en “Ciudad de Dios”. Meirelles muestra un gran dominio del lenguaje cinematográfico, utilizando los diferentes trucos y recursos de manera adecuada a su guión, en cada momento.

    Creo que precisamente es por el conformismo de nuestra sociedad, por el que tendemos a creernos estas historias (de mensaje humanitario, pero también con una faceta política que queda bien patente desde la presentación de Tessa, lo que conlleva unos perjudicados y unos beneficiados y sólo por eso debe de hacer sospechar), y darle un valor más allá de la ficción un tanto desmesurado. En cuanto a las prácticas poco escrupulosas de las empresas, en ocasiones ilegales, nada que objetar, son máquinas cuyo objetivo es conseguir beneficios netos, y nada más les importa. Ahora bien, yo no veo al gobierno inglés pringado en algo así. El beneficio de los políticos son los votos, y un plantel como el que muestra la película más tarde o más temprano iba a ser mostrado por medios de comunicación, que espoleados por los partidos políticos afines, ponen especial interés y medios en descubrir corrupciones en los partidos contrarios. Esto no significa que crea que no existan, sería una ingenuidad, pero la que se muestra en la película, tal y como se cuenta, me parece demasiado obvia y peligrosa para que se diera en la realidad con el gobierno inglés. Si algo así lo descubriera alguien, no mandaría una cartita al gobierno inglés, no, hablaría con los medios de comunicación de Inglaterra (que curioso, en la película prácticamente no existen, debe de mostrar algún otro planeta porque…) y al día siguiente el lugar estaba infectado de periodistas blanquitos.

    Es cierto que se sospecha que hay compañías farmaceúticas que han hecho pruebas en el tercer mundo que no se podrían hacer en el nuestro, aprovechando los regímenes corruptos y poco controlados que tienen. Bien para aminorar el tiempo de desarrollo de un medicamento, bien para falsear pruebas. Es una sospecha que circula en las universidades de medicina y farmacia de nuestro país. De lo que no hay sospechas fundadas es de que el gobierno inglés se meta, por no se sabe muy bien qué motivos (la película no se explica claramente aposta, el espectador ha de creer y dejarse manipular), en esos chanchullos, para que, vía perorata sobre la guerra de Irak, podamos hacer unas cuantas conexiones y votar a quien tenemos que votar.

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