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Viernes, 11/11/05
Tierras de Penumbra
por Javier Anisa en CrÃticas
DE LO EFÃ?MERO PERDURABLE
De tantas obras maestras como existen, de las que tanto se ha hablado y escrito, a uno le da por escribir sobre una pelÃcula que nunca nadie le recomendó, a nadie nunca escuchó hablar, y de la que quien suscribe (que verbo más horrible) poco o nada ha conversado con otros seres, el mismo (el que suscribe quiero decir) que ya ni siquiera recuerda el motivo por el cual se sentó frente a un televisor hace ya algunos años para contemplar por vez primera esta maravillosa joya del séptimo arte -me refiero a la pelÃcula-, una joya que de cuando en cuando me apetece probarme para comprobar que tal me sienta -y la respuesta sigue siendo a dÃa de hoy divinamente-, y que rara vez presto a alguien por miedo a que no sea tratada con riguroso cuidado o pueda sucederle algún percance, menos aún sin conocer los gustos culinarios más o menos respetables de cada cual. Precisamente.
Y la cuestión es que el cuento es muy sencillo: escritor y profesor de literatura inglés de avanzada edad, residente en Inglaterra y que lleva junto con su hermano una vida tranquila, rutinaria y solitaria conoce en una conferencia impartida por él a una mujer norteamericana algo más joven que él, escritora aficionada, separada, con un hijo, y por suerte para el espectador y nuestro personaje protagonista, mejor dotada para las relaciones sociales, la improvisación, la sorpresa, y peor dotada para los convencionalismos, los formalismos y demás dimes y diretes. Dos caracteres teóricamente opuestos, aunque curiosamente ella es una ferviente admiradora de la obra del escritor (posible ventaja del ejercicio literario en vida, quien sabe).
En efecto, señoras y señoras que todavÃa sigan leyendo, se trata de una historia de amor, y ninguno de nuestros protagonistas son marcianos. Hagan juego, se pone en marcha la bendita ruleta demonÃaca del desconocerse-conocerse, dudas y miedos del protagonista en reconocerse a si mismo que algo nuevo en tu vida te empieza a importar cada vez más y de una manera que te sobrepasa a ti y a tu organizado mundo lleno de vacÃo y tedio -amor lo llaman-, y encima esta deliciosa mujer empeñada en llamar al pan pan y al vino vino. Sólo el horror a la pérdida del ser amado, a lo efÃmera que puede y de hecho es la existencia -he aquà un enrevesado juego de palabras para no desvelar toda la trama, aunque en esta ocasión y como siempre o casi siempre no es ni de lejos lo importante- hará reaccionar a nuestro escritor, que por otro lado es una bellÃsima persona, no se confundan, ambos lo son, perdónenle porque después de todo quien no tiene luces, sombras y un enemigo en su propia persona, para que la hermosa relación amorosa que se avecina empiece a desarrollarse.
Y la cuestión sigue siendo que la hermosa relación amorosa que comienza también es muy sencilla: comprensión, aceptación, sinceridad, compañÃa, admiración, atenciones y cuidados, ganas de conocerse, imposibilidad de luchar contra lo irremediable, contra lo efÃmero, y por eso mismo acicate para exprimirse mutuamente en cada momento porque el dÃa menos pensado -sabido o ignorado- el cuento se termina, mi dolor, tu dolor, contigo hasta el final a pesar del dolor, de mi dolor, de tu dolor, entregarse, lo fundamental, lo primordial, lo importante frente a tantas nimiedades en las que gastamos y se nos gasta el tiempo. Y las cuestiones, aparte de lo amoroso y esta vez no como “la cuestión del cuentoâ€?, sino como las cuestiones-preguntas que además se plantean en la pelÃcula, también son las de siempre: ¿cuál es el sentido o sin sentido de la existencia?, ¿existe alguno, o todo o casi todo es casi nada? ¿existe Dios?, ¿sÃ?, ¿no? ¿Y si Dios existe, por qué? ¿Y si Dios no existe cuáles son los por qués? ¿por qué el dolor, cuál es su justificación, es necesario, caprichoso, sólo aprendemos a través de él?
Maravillosos todos los actores, magnÃfica la relación que se establece entre el escritor y el hijo de ella, y entre el escritor y uno de sus alumnos, mostrando el cambio del personaje desde la cerrazón en sà mismo hacia una apertura y aprendizaje de los demás, sobrios y certeros toques de humor, puesta en escena elegante y sencilla, paisajes llenos de luminosidad…
Si ya están reflexionando o tienen cierta curiosidad, es un motivo para salir de dudas y ver esta pelÃcula: reflexión. El otro -aparte del comentado “nadie habla de esta pelÃculaâ€?- es la emoción que desprende por todas partes (el que suscribe siempre llora en el parlamento del escritor que comienza asÃ: “¿Cómo podrÃa Joey ser mi esposa, tendrÃa que quererla, no…?), un canto al amor, a la alegrÃa y el dolor de ser y estar con el ser amado, a la existencia a pesar de los pesares, al sentido del sinsentido, a lo sencillo que puede ser todo si juntamos pedacitos de autenticidad con alguien, a lo efÃmero del ser y a la perdurabilidad de su recuerdo si es un ser hermoso, significativo para el otro.
Para quien haya llegado hasta aquà y aún no haya acertado, de lo efÃmero perdurable es Tierras de Penumbra, dirigida por Richard Attenborough e interpretada por Anthony Hopkins y Debra Winger.
Ficha técnica
TÃtulo Original: Shadowlands
Año de Producción: 1993
Nacionalidad: Reino Unido
Director: Richard Attemborough
Productor: Richard Attemborough y Brian Eastman para Warner
Reparto: Anthony Hopkins, Debra Winger, Edward Hardwicke, Michael Denison
Duración: 90 minutos
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