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Jueves, 01/09/05
Charlie y la fábrica de chocolate
por Joaquin Blanes en Críticas
Roald Dahl y Tim Burton: universos parecidos
Tengo que sincerarme, porque de otro modo no sería trigo limpio hacer la crítica de esta película sin esta confesión: Roald Dahl es para mí un genio. Este galés de padres noruegos estaba dotado de una portentosa imaginación. Durante años me ha llevado a mundos, de otro modo inimaginables. Su literatura no tiene el espíritu enciclopédico y aventurero de Julio Verne, es más introspectiva, busca más la autorrealización del individuo que se sabe o se siente diferente a los demás, por su condición social o por sus inquietudes vitales.
James y el melocotón gigante, deliciosamente llevada al cine bajo la producción y la mirada tétrica de Tim Burton, Matilda, alegremente llevada al cine por Danny DeVito, con una encantadora Matilda, interpretada con dulzura por Mara Wilson; son ejemplos de esta literatura que ha sido llevada al cine con acierto.
La literatura de Roald Dahl genera un universo imaginario difícil de igualar en otros autores de literatura infantil. Si alguien todavía no conoce la literatura de Roald Dahl, no se arrepentirá de leer –y digo leer no ver- Charlie y la fábrica de chocolate, Matilda, Las brujas o The Big Foot Giant, aquí traducida como El Gran Gigante Bonachón, hermosísimo relato que dedica a su hija Olivia fallecida cuando tenía 7 años. No se los pierdan.
Pero Roald Dahl no es únicamente un escritor para niños, su imaginación sobrenatural se daba el gusto de escribir relatos para adultos y si alguien quisiera comenzar a leer algo del Dahl adulto, comiencen con Relatos de lo inesperado, publicado por Anagrama en su colección Compactos.
Perdón por esta larga introducción, pero la consideraba necesaria para hacerles entender que no puedo ser objetivo cuando hablamos de Roald Dahl y ahora, vayamos con la película.
A Tim Burton le costó conseguir los derechos de la novela porque Dahl no quedó contento con la adaptación que se hizo en los setenta en la que Billy Wilder intrerpretaba a Willy Wonka, sin embargo tampoco era tan mala. Imagino que el particular universo al que nos tiene acostumbrado Tim Burton hizo que Felicity Dahl, viuda del escritor, cediera los derechos y se metiera en la producción ejecutiva, Felicity Dahl ya había producido con anterioridad la adaptación de Matilda.
La película funciona porque los universos imaginarios de Tim Burton y Roald Dahl son muy semejantes. Tim Burton despliega la misma ironía que aparece en la novela para presentar a la familia Bucket, el tono con el que trata a Willy Wonka es acertado, habitualmente se presenta como un histrión, un payaso incorregible, un adulto que se niega a crecer, regresamos al complejo de Peter Pan; en otras ocasiones Willy Wonka tiene una sinceridad monstruosa.
El guionista John August, quien también adaptó con brillantez la deliciosa Big Fish, ha querido actualizar a los insufribles niños que acompañan a Charlie Bucket en su visita por la fábrica de chocolate, lo que genera buena conexión con el espectador; y ha creado la infancia de Willy Wonka, motivo esencial de sus fobias y su comportamiento excéntrico, la novela de Dahl no habla del padre de Wonka.
Destacar las actuaciones de todo el elenco, la verdad los niños han sido seleccionados con atino y Freddie Highmore, interpreta con soltura al bueno de Charlie y hace valer la recomendación que Johnny Deep le hizo de él a Tim Burton, porque Deep había trabajado antes con Freddie Highmore en Nuncajamás. Los otros niños, el alemán comilón, la narcisista, la mimada y el niño tele-adicto, son personajes tan bien interpretados que dan ganas de darles una galleta, de esas que dan las madres con la mano abierta.
De Johnny Deep no es necesario comenzar con alabanzas, se sabe que es un actor mimético, sin necesidad de espectaculares cambios físicos como Robert De Niro, que es capaz de llevar a un personaje hacia su terreno y hacerlo suyo, dominarlo sin concesiones para luego dejarnos boquiabiertos. Deep crea un Willy Wonka, como ya hemos dicho, muy excéntrico pero al mismo tiempo de una introversión enfermiza, causada por ese trauma dental que arrastra desde su infancia.
La película es ingeniosa y la adaptación es buena porque no ha sido estrictamente fiel al libro sino que ha querido actualizar el universo imaginario de Roald Dahl, aunque quizás habría que ponerle una pequeña pega al guión porque deja que el mensaje moralista fluya más de la cuenta, cuando el mundo creado por Dahl disfraza el moralismo bajo una patina de perversión y humor negro.
Que nadie se lleve a engaño, la literatura de Roald Dahl no hace concesiones a lo cursi, está dotada de una malevolencia inocente con la que los niños se sienten en seguida identificados, cuando lean una crítica que hable de la moralidad de los libros de Dahl, tengan por seguro que no lo han leído. Roald Dahl es tan macabro como lo es, cuando quiere, Tim Burton, comparten coordenadas lo que ayuda mucho a que la película funcione.
No podemos olvidar al siempre eficiente Danny Elfman, que además se atreve no sólo a escribir las canciones de los Oompa-Loompas sino a cantarlas. Elfman es un gran compositor de bandas sonoras porque un oyente poco avezado con que escuche un par de bandas sonoras será capaz de reconocer el estilo Elfman, pero además es que Danny Elfman tiene la virtud de adaptarse a cualquier género que se le ponga por delante. Uno de los grandes.
Nacionalidad: EE.UU., 2005.
Director: Tim Burton
Guión: John August, basado en el libro de Roald Dahl
Música: Danny Elfman
Ficha Artística:
Johnny Depp
Freddie Highmore
David Kelly
Helena Bonham Carter
Deep Roy
Christopher Lee
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